La crisis de la sociedad moderna no consiste solo en que las cosas se mueven demasiado rápido. Consiste en que nuestras instituciones están olvidando cómo distinguir la urgencia de la importancia.
Cuando imágenes, voces, documentos y narrativas pueden fabricarse a escala, la autoridad pertenecerá a las instituciones que puedan explicar su cadena de conocimiento.
El debate sobre la IA está atrapado entre el pánico y la promoción. Lo que la sociedad necesita es contabilidad: quién se beneficia, quién paga, qué mejora, qué se degrada y qué se vuelve irreversible.